-¿Me quieres tú a mí?
Yo ya sabía que sí, pero no estaba segura de poder admitirlo. Te arriesgas al dar esa parte de tí. Puede ser utilizada en tu contra en el futuro. Decirlo iba a suponer enseñarme en toda mi vulnerabilidad. No es algo que precisamente me guste.
Te pasas años perfeccionando un escudo para que nadie llegue a hacerte daño y de improviso alguien consigue entrar sin que lo notes.
Si le decía que sí podía hacerme daño, era más fácil no dejar que lo supiera. Pero eso no me haría feliz. Y se supone que buscamos la felicidad. Era hora de arriesgarse. Valía la pena.
-Sí. Creo que sí.
-¿Crees? -sonrió.
-Lo sé.
A veces tienes que saltar al vacío y arriesgarte y lo único que te acompaña es la esperanza de que no te vas a hacer daño.
Supongo que nunca lo sabes al 100%. La seguridad que te da alguien no es científico, es algo que sientes y puede que tú lo sientas más fuerte de lo que en realidad es y acabes con un par de costillas rotas.
Supongo que nunca lo sabes al 100%. La seguridad que te da alguien no es científico, es algo que sientes y puede que tú lo sientas más fuerte de lo que en realidad es y acabes con un par de costillas rotas.
O puede que no.

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